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Vikingos y Cruzados

En el siglo IX los normandos o vikingos se convirtieron en el terror de los mares septentrionales. En sus embarcaciones, largas y estrechas, propulsadas con velas y remos, efectuaron incursiones en las costas del norte de Europa, las islas británicas y el Mediterráneo. En sus naves, cuya proa simulaba un dragón, se internaron en el tormentoso Atlántico septentrional, colonizaron Islandia y Groenlandia, y arribaron a las costas norteamericanas.
Barco Vikingo
Los barcos progresaron muy poco en el sur de Europa, y la navegación fue muy reducida hasta que se iniciaron las cruzadas en el siglo XII. Como se necesitaron para transportar hombres y pertrechos a Tierra Santa, aumentó de pronto su construcción. Flotas de galeras genovesas y venecianas, movidas a remo y no muy distintas de las griegas, recorrían el Mediterráneo.
Prácticamente todos los pueblos y territorios cercanos a los vikingos estaban divididos y en continuas luchas internas: post-celtas, anglo-sajones, eslavos y los reinos en que se fragmentó el imperio de Carlomagno tras su muerte. La falta de estabilidad facilitó la entrada de los vikingos tanto en las expediciones de saqueo como en las de colonización. El estallido migratorio llevó a muchos colonos nórdicos a asentarse tanto en tierras conquistadas a la fuerza como en islas deshabitadas.
En los siglos VI y VII, se desarrolló el comercio a lo largo del Mar Báltico y con Rusia a través de sus grandes ríos. Repentinamente, a finales del siglo VIII y por razones desconocidas, comenzaron sus agresivas incursiones sobre las costas de Europa. Tal vez fueran las relativas riquezas con las que habían tropezado como comerciantes; o quizás percibieron cierta debilidad en las civilizaciones del sur; o sencillamente los nuevos avances en tecnología marítima les permitían viajar más lejos y a mayor velocidad. En el 793, los vikingos arrasaron el gran monasterio de Lindisfarne, construido por los irlandeses en un islote de la costa noreste de Inglaterra.

Sus largas embarcaciones, rápidas y ligeras, les permitían surcar velozmente los mares y los ríos. Debido a la dificultad de los caminos en el siglo IX, los vikingos podían atacar prósperas poblaciones y monasterios antes de que cualquier tipo de resistencia organizada se les opusiera. Desembarcaban rápidamente saqueando las ciudades y tomando esclavos. Las poblaciones de las costas de Alemania, Francia y Gran Bretaña vivían en el terror de ser presa de sus incursiones. Las autoridades locales se vieron desprestigiadas ante la imposibilidad de defenderse de ellas.
BARCOS VIKINGOS